martes, 15 de julio de 2008

Lisonjas en la ciudad


Todos quieren llegar aquí...

Urbana y vana.
Todos quieren llegar aquí, pero ninguno quedarse. So far...
Si te digo que es mi cartera preferida es porque me entra de todo. Teléfono celular, billetera, cuaderno, bolígrafos, cámara fotográfica... es verdad, no es una Cartier, ni Chanel, ni Dolce & Gabbana, pero vale. Es Hand made in ecuador aunque seguramente eso no sorprendería a muchos.
Mis nuevos zapatos rojos me hacen creer que soy la Dorothy del siglo XXI. Choco sus dos tacones de punta de diez centímetros cada uno y me repito: No hay lugar como el hogar, but keep wondering if I could ever get out of this place. El hogar, cualquiera que fuere, donde existiere, es nuestra nave nodriza a la que siempre queremos regresar, sino no existiera su añoranza ni los zapatitos rojos. Algunos dicen que pasaran de moda, pero hasta eso mis zapatos rojos modelaran enfrente de muchas narices, hasta que pierdan su brillo. Hasta que pierdan su encanto.
Nadie ha pitado por mi en la entrada de mi casa por el momento, hasta ahora ni desde hace mil años. Aún así muchos ansían llegar aquí, aunque ninguno espera quedarse. El bueno y el malo.
Resulta que estás saliendo con un tipo. El bueno. Trabaja ocho horas diarias cinco días a la semana, sale los sábados de noche, los domingos va a misa en la mañana y después va a pasar la tarde en la casa de su mamá. No lo quieres dejar porque piensas para tus adentros “¡chuta, él es el bueno!” y piensas más bien que no debes preocuparte por separación alguna porque también piensas que nunca te dejaría.
¿Qué más puedes pedir?
Te llama para almorzar juntos, te espera a la salida de tu trabajo o a la salida de tu reunión de viejas latosas que hablan de tejidos de tapetitos o bisutería fina. Es aseado, paga las cuentas, atento, buen conversador; así dicen, aunque tú mas bien no encuentras más palabras para definirlo que no sean multiorgásmico, reconfortante y buen oyente cuando quieres desahogarte de lo uno o de lo otro. Aunque, eternamente las cosas son demasiado buenas para ser verdad. ¿Qué más puedes pedir? Algo que cínicamente llamas equilibrio. El bien y el mal.
Entonces, creas un ejército de tipos malos, que en estudios posteriores se bautizará aquel colectivo simplemente como “El malo”. Son uno, algunos o todos. Te escapas, te aventuras, te escondes hasta mientes y te parece divertido. Porque lo es. ¡LO ES! Ja ja ja.
Si, eso equilibra algunas cosas. Te sientes poderosa porque de alguna u otra manera tienes el mando del bien y el mal en tus manos, a pesar de que esos conceptos se traduzcan en carnes masculinas (el bueno y el malo, ¿recuerdas?). Con el bien y el mal en tu poder hasta sientes que estás codo a codo en el Olimpo con el resto de los dioses. Precisamente es eso, eres como un dios, creando tus propios desastres y tus propios milagros.
Resulta también que empiezas a salir con otro tipo, del tipo que regala flores en cada cita y no besa en la primera, del que prefiere sonar el timbre o golpear la puerta en vez de pitar afuera, del que dedica canciones; en fin, del que hace esa clase de cosas para que una baje la guardia y de una, sin que te des cuenta, hayas abierto las piernas sin oponer resistencia alguna, voluntariamente.
Así y todo lo presentas como pareja “oficial” en algunas fiestas (aunque en algunas no). Desconfías y ese escepticismo adopta forma cuando en la tercera cita él te llama Andrea, Pamela, Diana por EQUIVOCACIÓN y sólo atina decirte “¡lo siento, hmm, nena!” (Refiérase “hmm” como pausa recursiva) mientras lo amenazas con una hamburguesa poco –o nada- punzante cerca de su cuello... así es querida, oficialmente el juego ha empezado.
Si sigues saliendo con el tipo es porque al fin y al cabo es gracioso, divertido, sin presiones resulta ser tierno, se ríe de tus chistes, salen a beber juntos (partners in crime), viajan... alalalala long... pero tú ya estás con sobreaviso. No importa, hasta cierto punto es interesante y didáctico porque de esta manera aprendes sus mañas, sus tácticas, sus estrategias donjuanistas... Te convences a ti misma de que el experimento marcha bien y LE DAS EL GUSTO (de seducirte, eso sí, y finges ignorar los hechos, justificados en alzas y bajas hormonales); aunque sobrepasada las primerizas citas, empiezas tú a pagar tu mitad. Ahora lo llamas tú, en vez de él. Empiezas tú a buscarlo dentro de todas las máximas posibilidades, pero encontrándolo en las mínimas. Lo que era emocionante de la nada se convierte en angustiante, estresante y torturador: face it hun, GAME OVER.
- Who’s the winner? If you chose to behave “righteous”, you’d lost from the very beginning... yep, if we are sinners we are all winners.
Cuando te das cuenta que sabes más de su vida de lo que te ha contado y los secretos sucios que te ha ocultado, la conciencia te afronta abruptamente en la esquina siguiente. Te pides perdón a ti misma y te admites que no puedes soportar más el conflicto interior que llevas varios días por intercambiar tu tiempo y orgullo con el peor postor.
Las aves regresan a su nido. ¿O no?
Después de 12 semanas (y un poquito más) las cosas deberían empezar a llamarse por su nombre o, por lo menos de alguna manera, lo crees así. Él te pide paciencia, claro que sí, él es consciente y por nada del mundo te evitará esa charla. Pero, primero lo primero. Un par de tragos para no perder la costumbre y las historias se repiten amén del mismo hotel. Y lloras. Lloras porque esta vez el hotel hiede a insecticidas y es viejo. Lloras porque celebras el logro de llegar al anhelado punto donde explotan las ansias. Lloras porque todo el amor nunca es suficiente. En el fondo él ya lo sabe (o cree saberlo), va al baño y agradece al arma por el trabajo de esta noche. La soledad da rienda suelta a nuestra imaginación y la ausencia de otros cuerpos libera nuestros demonios interiores: ¿Es que cuando todo marcha bien realmente es porque algo debe estar mal? Te tomas ese tiempo para revisar su teléfono celular y descubres horrorizada varios sms de una tal Gisella: “lo d ayr stuvo MUY weno.Quando lo rptimos?”, “io tb t xtraño” y el peor “jaja.ia q tanto insists aorita voy a u dpart mi amor =*”. ¡Y está su foto! Pero lo peor es que también están los sms de él grabados en la memoria del teléfono: “i miss you babe”, “wanna come over to my place? I’ll be home alone for 40min n’ i need you”
¿Quién es esta mujer? No puedes borrar su imagen de tu mente por semanas. Es verdad, es más bonita, más alta, más delgada, más proporcional que tú... mientras tú tienes un poster en tu cuarto de la última exposición de arte en la galería de la Alliance Français de la ciudad, ella cuelga uno de Bob Marley; mientras tú aún utilizas el “metro”, ella conduce un Optra Limited; tú tienes gatos, ella un conejo; tú luchas porque tus amigas dejen el tabaco, ella fuma una cajetilla diaria... y así sigues por varias semanas más. Soportando en carne viva el etcétera.
¿Qué vas a ganar confrontándolo? Simplemente aceptar en voz alta que él nunca fue tuyo y que no pretendía serlo. Descubrir horrorizada tus temores convertidos en realidad: después de todo este tiempo no le perteneces a nadie y aún nadie te pertenece. Que has estado sola (¿pero acaso no estabas sola desde un principio?) y que la verdad nadie te dio razones para nunca dejarte y querer quedarse. Permanecer.
He vuelto a mi nave nodriza: la ¿soledad? Siempre ha sido esta mi base. Y la de muchos. Estamos embarcados los unos con los otros, juntos, pero no lo sabemos. Esperamos un día ser naves perdidas y encontrarnos en par, chocarnos, estrellarnos porque así pasa para ver finalmente QUÉ pasa.
- La soledad da rienda suelta a nuestra imaginación y la ausencia de otros cuerpos libera nuestros demonios interiores.
Missy solía decir: “someone’s going to hurt you sooner or later”, desconozco donde leyó o escuchó esta frase; pero le faltó decir que, por el contrario, uno también lastimará a alguien. Al fin y al cabo, la frase no me deja de parecer completamente asertiva. Somos ángeles con almas sucias y a pesar de eso tratamos de llevarnos bien aquí en la Tierra porque sabemos de antemano que nos veremos todos en el infierno. Facilitarnos la convivencia terrenal, pero siniestra, alberga de esperanzas eternidades infernales juntos.
No existe elixir alguno que prevenga estas situaciones en el futuro. El único escudo que prevalece es la Ley de Probabilidades: uno también lastimará a alguien. Hasta eso, uno necesita blindar su corazón y para que aquello suceda bastará un importante desgasto por abuso, exceso de uso y abrirle las piernas a cualquiera y a todos. Así, deshacerse uno de esta ingenuidad incómoda, carga innecesaria, la miel de los perversos; eso que hace que vengan a ti cuando estás realmente mal, tratando de recuperarte; y no los necesitas, eso crees, pero cuando se van, te dejan peor de lo que estabas. SI, ES VERDAD: te dejan peor de como estabas. Es un círculo vicioso y uno es el engranaje, el eje principal.
Los sentimientos vengados se juntan todos en un plato que se come frío. Y hay que esperar, aunque la paciencia no es una de mis virtudes.
Escribo estas líneas para decirles féminas solitarias, tristes y con zapatos rojos de tacones altos, muy altos, que no están solas en la lucha... =P
Cambio y fuera



* “Sexo en la ciudad” was already taken. In fact, SELC is meant for the thirty-something people therefore I hope LELC works out for some twenty-something folks. If not, then for any! Or no one! I don’t care...!

2 comentarios:

Unknown dijo...

Te tomas ese tiempo para revisar su teléfono celular y descubres horrorizada varios sms de una tal Gisella: “lo d ayr stuvo MUY weno.Quando lo rptimos?”, “io tb t xtraño” y el peor “jaja.ia q tanto insists aorita voy a u dpart mi amor =*”. ¡Y está su foto! Pero lo peor es que también están los sms de él grabados en la memoria del teléfono: “i miss you babe”, “wanna come over to my place? I’ll be home alone for 40min n’ i need you”

Unknown dijo...

Cambio y fuera