martes, 14 de octubre de 2008

Poema para el monstruo

(U Oda para my new brand imbécil)

Si es el frío solo
y la tristeza mira y calla
ven a darme tus caricias
sostenme altiva con tus garras
(Monalissa, N.S.M)

200708


¿Por qué cuando estamos enamorados nos cuesta darnos cuenta? Y cuando tenemos ya indicio de aquello, ¿por qué nos cuesta aceptarlo? y cuando empezamos a aceptarlo, ¿por qué empezamos a encontrar "peros" en la pareja del género opuesto?
No lo sé. La verdad es que me hago estas preguntas pero las respuestas que hallo no son absolutas. Esta generación me tiene los nervios de punta. Llegado a cierto punto, ha sido fácil crear corazas para ocultar temores propios y a determinada etapa tenemos tantas corazas para tapar nuestros miedos, tanto infundados como adquiridos, y me pregunto yo ¿acaso también le tenemos miedo al amor?
Dentro de una cultura que nos ha hecho creer a los jóvenes que tenemos el mundo en nuestras manos y podemos ser personas integrales: éxito económico, personal, profesional y social a la vez, no se da cuenta que la carga es demasiada. Y tenemos miedo de fallar.
Y si tenemos miedo a enamorarnos, ¿no esta pasando algo raro en ese sistema? Qué es lo que esta pasando de malo realmente para llegar a esa situación. Si la cultura, la sociedad nos dicta que podemos tener de todo y siempre merecemos más, ¿es político ser exigente en el amor? En la práctica, la fuerte inclinación emocional hacia el sujeto X se debe a la presión de específicas circunstancias.
Pero tenemos miedo. Miedo a que nos rompan el corazón una vez más después de arriesgarlo todo de nuevo (Tortura Cíclica), miedo que paraliza la razón y autocompasión: "Eres demasiado buen@. No te merezco" (Inseguridades), miedo de estar con una persona que no nos valora realmente (Leyes de Reciprocidad), miedo de fallarle a ese ser que es perfectamente complementario para nosotros (Incompetencia), miedo de enamorarnos de la primera persona que cojemos sólo para no sentirnos solos (Callejón sin salida), miedo de que nos vuelvan a engañar (Deformación de la confianza y golpes bajos a la buena disposición)...
Si, en el fondo le tenemos miedo al amor aunque no lo aceptamos abiertamente. Le ladramos en la cara como perros rabiosos, le disparamos a matar sin pensarlo dos veces... Preferimos la amistad mil veces antes, que siempre es una base segura y regresamos a ella siempre, porque es nuestra nave nodriza social.
Es por eso que estamos con todos y a la vez con nadie. Es por eso que algunos actúan así... y otros actuamos peor. Es por eso que hacemos lo que hacemos. Es por eso que las cosas están como están
¿Qué propongo? Mi propio antídoto: dejemonos de tantas vainas. Practiquemos el HAMOR libremente ya, abandonemos de una vez por todas tanta mierda conceptual y guerras con el género opuesto. Hagamos del hamor todos los ideales que el amor no pudo ser. Hagamos el hamor.
Nota: administrar vía oral, intravenosa, nasal o supositorio. Pero administremenlo a la fuerza y de urgencia ya, porque ni yo misma puedo con mis propias cáusulas de salvación.

miércoles, 1 de octubre de 2008

FANTASMAS



¿Qué pasa cuando estás sentada en la misma habitación con las mismas cuatro paredes? Estás pensando y pensando inúltimente porque lo que piensas no te lleva a ningún motivo de acción o beneficio.
La verdad: me convertí en el hincha solitario que anima un juego que ha concluido hace tiempo. Sentado en algún lugar de la tribuna, es como que si tuviera la esperanza que los antiguos contrincantes se vuelvan a enfrentar y obtener un resultado distinto.
Eso no puede pasar, porque a pesar que dos personas se vuelvan a encontrar después de algun determinado tiempo -y que para alguno de los dos obligatoriamente ese lapso haya sabido agridulcemente a eternidad- por más que se propongan (aunque con mínimo esfuerzo) que las cosas se parezcan a cierto pasado específico, existe un imprescindible factor que hace que los pensamientos, sentimientos, las ganas y ls primeras impresiones cambien: LAS CIRCUNSTANCIAS.
¿Y si aparecemos en el mismo lugar, fecha y hora? Desconozco el hecho, y con razón, que se haya comprobado que las cuestiones tiempo-espacio modifiquen nuestras motivaciones intrínsecas. Sólo sería una situación que se parecerá mucho a una "situación previa existente", que cada vez es más difícil de recordar por más que esta hincha ponga todo de su parte para animar a su equipo fantasma.