jueves, 29 de mayo de 2008

La Comunidad

De repente estoy sentada frente al monitor de mi ordenador tratando de escribir un ensayo acerca de las relaciones y que por cada persona que uno conoce existe tras de ella al menos una persona en común, o en otros casos -frívolos-, más de una persona en común. Escribo, si, pero fallo en el intento.

Son las diez y media de la noche y mi rutinaria hamburguesa la dejo a medio acabar. Y me surge la interrogante: ¿Qué están haciendo? Claro, dejo pateado también mi ensayo, y empiezo a visualizar qué están haciendo.

Si coges el vaso con agua, debes asegurarte de agarrarlo bien, porque en tu estado la mayoría de veces es solo una ilusión a todo color. Claro que, eso no impide hacer otras cosas como conectarse a la Internet con los amigos, y con los que no son, y conversar un rato con ellos de cosas tan poco trascendentes como la defunción de un anfibio sobre el asfalto y de cómo cambia su metamorfosis a calcomanía orgánica gracias a las llantas de un automóvil. Las píldoras blancas y la música estridente, sintetizada y repetitiva logran en ti una catarsis casi inmediata. Pero hoy, sólo hoy, prefieres tararear alguna melodía de Joss Stone, eso si, sin dejar de entonar alto sus famosos yeah yeah yeah que hay en cada canción y sobretodo en esta.

Metes las manos en todos tus bolsillos. Si, si cargas lo importante: tus llaves y tu vieja billetera. Tratas de caminar lo más rápido posible porque donde empieza la loma se termina la hilera de luminarias pero el recorrido no. Tratas de esquivar los recuerdos de las tantas veces que te han robado por ahí mismo, sublimas con los gratos recuerdos de la gente que te ayudó a entrar al canal y que gracias a eso y a una serie de eventos circunstanciales estás trabajando en lo que más te ha gustado desde que tienes memoria. Hasta te sientes orgulloso de ti mismo por haberlo conseguido. Pero esas reminiscencias hoy por hoy no van a evitar que te asalten los mismos 4 pandilleros de siempre. No, no puedes evitarlo. Porque vives allí.

Te sorprende la facilidad con la que una sonrisa entreabierta dentro de tu círculo social signifique una invitación segura a un encuentro sexual. Sin embargo, vacilas en esta ocasión y simplemente la invitas al cine. Has perdido la cuenta, no sabes precisar con cuantas has estado desde que terminaste, desde que dejaste a la veinteañera famélica e insegura. Gracias a Dios y muchas gracias que siempre tienes a mano un plan B, C, D, E, F... te repites mentalmente a la par que acaricias su hombro bajando lentamente tus dedos sobre las tiras de su brassier mientras ella finge estar concentrada en la película (hasta la quisiste sorprender, la invitaste a un PRE-ESTRENO).

¿Qué tienen en común estas tres personas?
YO,
aunque viva en otra ciudad y sean las 12 de la noche.

*** FIN ***

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